HACIA UNA ICONOGRAFÍA DE GUAICAIPURO

Sin ánimo de ser especialista en el área, me aventuro en esta breve recopilación e interpretación de lo que a mi juicio ha sido el tratamiento estético dado a la figura de un cacique, así le llamamos al jefe de un grupo de indios o tribu, que en el pasado de nuestro país, Venezuela, fue de gran importancia frente a la llegada de los españoles, pues le hizo fuerte oposición en unión de  caciques de relevancia como Terepaima y Catia, entre otros.

Con más o menos tino a nivel formal (o sea de forma), utilizando los diferentes lenguajes artísticos, nuestros pintores y escultores, se dieron a la tarea de representar durante siglos a este importante personaje, casi siempre, a mi juicio de manera muy idealizada, ya que la fisionomía de un indio  venezolano, sea cual fuere su etnia posee unos rasgos un poco más suaves, pongamos por ejemplo la etnia warao de la que muestro una imagen.


UN INDIO GUAPO

En algún momento, nuestros billetes y monedas presentaron su efigie, con pómulos salientes, mentón fuerte y frente amplia, un aspecto de bravura y enojo (dispuesto para el momento del combate, supongo) que nuestros indios no tienen realmente.

Durante parte de la historia del arte pictórico venezolano, hubo artistas que se dedicaron a representar un Guaicaipuro estilizado, con una fuerte mezcla de rasgos europeos como el logrado por Pedro Centeno Vallenilla. En pocas palabras, bello y muy distante de la realidad.

Pedro Centeno Vallenilla, Guaicaipuro, pintura.

Por contraste, nuestros indígenas tienen ojos achinados y rostro redondo, lo que aquí llamamos cachapón, piel morena, cabello liso negro, labios y nariz finos, 1,60mt de estatura aproximada, complexión media, poco definido muscularmente, en general un conjunto agraciado y armónico.


CACIQUE TRIDIMENSIONAL

Otro aspecto interesante a recalcar sería el cuerpo con que Guaicaipuro es mostrado en esculturas diversas de Caracas la capital, con un pecho macizo tipo Superman, no solo tonificado, sino absolutamente definido, el six pack en su esplendor recién salido del gym, que nuestros yanomamis, maquiritares o wayúu, entre otras etnias no presentan, una idealización a más no poder de la fuerza física.

Julio César Briceño, bronce fundido.

Casi siempre ya sea en escultura o pintura a Guaicaipuro y otros caciques, los representaron con el clásico penacho compuesto por una cinta gruesa que envuelve la cabeza pasando por la frente, coronada por varias plumas colocadas en la parte posterior del cráneo.

Es innegable que los atributos con que ha sido representado nuestro héroe indígena, ciertamente se pueden ver en algunas etnias venezolanas con adornos de este tipo o sus variantes, usados para algunas celebraciones o rituales especiales.


¿Y AHORA QUÉ?

Estas características, son propias de la elevación de los valores nacionales a niveles obstinados en una época pasada del arte venezolano de la primera mitad del siglo XX, de la que fueron abanderados los artistas que formaron parte de la Escuela de Bellas Artes de Caracas.

En aquel entonces, el virtuosismo en la ejecución técnica y la enseñanza académica estaba por encima de cualquier cosa, algunos la llamaron nacionalismo, otros incursionaron en ella desde la literatura con el criollismo, Vallenilla se adscribía al simbolismo, años más tarde la contemporaneidad se ha encargado a veces de ridiculizar estas posturas.

Los regímenes políticos como el nacional socialismo de Hitler, la revolución cultural de Mao Tse Tung, la Revolución Bolchevique y más tarde la URSS, llevaron a su máxima expresión el uso del arte nacionalista y el empleo o vasallaje de sus mejores ejecutantes (cuando los hubo) para llevar adelante la propaganda partidista.

Así las cosas, durante décadas, la obra individual quedó vetada o hecha a un lado (algunos artistas fueron asesinados, otros se exiliaron, a otros los encarcelaron), para dedicarse a pintar, esculpir, imprimir, dibujar, fotografiar, bailar, cantar, actuar o filmar lo que el partido ordenaba.

Todo eso ocurrió en el pasado siglo XX, parece increíble que aún esa fórmula se siga aplicando en muchos países, con más o menos éxito en el siglo XXI, lo que a mi juicio denota mucho atraso y desconocimiento, algunos se aventuran a opinar que se trata de brujería o todas las anteriores. Para más información lee mi artículo anterior ¿Esto es arte? El mamotreto de la autopista

¡Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia!

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