Una boda a la venezolana

Llegó el gran día para algunos, otros como yo, tendremos una larga jornada de trabajo. Hubiera sido preferible ir a Siria, a ganarse la vida que en una sesión de histeria summa cum laude con un grupo de mujeres al borde de un ataque de nervios, el día de la boda de solo una de ellas, a mi me tocó y sobreviví a más de 16 horas de brega, deja que te cuente:

Empezamos mal, la jefa temporal, a quien mientan guedin planer en un inglés muy castizo y en lo sucesivo llamaré Ñolberta de cariño; llega tarde al punto de encuentro. Es un club caraqueño antiquísimo rodeado de bellos jardines, donde los invitados sudan Channel, como diría el Sr. Blades. Lo más rancio de la high society (ojo que no es por el hedor) se dará cita aquí dentro de unas cuantas horas, para celebrar que otra pareja se lanzará al agua, como decimos en mi tierra al referirnos a un matrimonio.(¿O será martirmonio?)

A pesar de haber engullido un desayuno de campeones, transcurridas  8 horas, la Ñolberta no aparece con alimentos y el filo ataca inmisericorde. Pasemos a la etapa del cortejo varonil, que no tuvo suficiente con la despedida de soltero y se reencuentra en el club donde se celebrará el ágape nupcial (en  donde me encuentro trabajando), para pasar la tarde libando junto a la piscina, de manera que cuando llega la hora de marcharse a la iglesia acompañando al novio, están zaratacos y siguen bebiendo en el camino a la iglesia. Esta servidora se graduó en minutos, sirviendo tragos sin soporte alguno, en un vehículo en marcha recorriendo la inmensa cantidad de baches de parte de la ciudad de Caracas, a mucha honra.

Luego de 10 carreras de la iglesia al vehículo para satisfacer diferentes peticiones de la Ñolberta y unas 10 vueltas a la iglesia para ubicarme en posiciones estratégicas que permitieran cubrir tanto la entrada principal como los costados, para diferentes funciones que me encomendaron, también me gradué de triatlonista, porque corrí por 3.

Por fin, la mujer se casó. A mi me pareció que las 19 muchachas del cortejo también se casaron, por el nivel de stress que presentaban. Es la hora de regresar al club y el centro de operaciones de la Ñolberta y su equipo es una oficina de 6×3 mt., en donde tiene lugar la verdadera sustancia de esta historia.

Un interminable desfile de mujeres pasaron por ese cuartito, cambiándose los zapatos, retocándose el maquillaje, recogiéndose el moño; en el caso de la antes novia, cuando llevaba 5 cambios perdí la cuenta, incluso hubo un par con luces en la suela, para iluminar de rosado, azul y otros colores el antes blanco vestido, tipo novia galáctica pues. En algún momento la pobre mujer ya no podía movilizarse fácilmente y vino al cuarto a que le recogieran la cola de los nosecuantos kilos que pesaba aquel armatoste blanco. Hasta hubo una comitiva de 6 mujeres, entre ellas la Ñolberta, que detentaban diferentes cargos en la planificación, organización y ejecución de la susodicha recogida, cada una tenía una opinión diferente de cómo debía hacerse, todas eran expertas, a la dueña del show le dio una crisis y empezó a berrear cual mocosa, conteniéndose en lo posible para no arruinar el friso de la cara que tantos dólares costó, gritaba angustiada: “quiero al Madrino, quiero al Madrino” incansablemente, todas se miraban entre sí, algunas dieron media vuelta y a la Ñolberta le tocó reparar el friso deshecho por el llantén.

Al parecer a la novia galáctica, se le rompió el vestido en algún momento de la sesión fotográfica y el estallido nervioso fue por eso, un huequito de 7 cm en el borde más recóndito de aquel trapo blanco, pero acelerado por la incompetencia del comité prorecogida de cola.

Viendo lo interminable del berrinche, la Ñolberta peló por el teléfono e hizo que El Madrino se devolviera, quien estuvo trabajando en las horas previas a la boda en la casa de la novia con el combo de mujeres del cortejo y durante la entrada triunfal del mismo a la iglesia. El pobre llevaba 16 horas de trabajo cuando la voz campante hizo que se devolviera, para seguir dándole joropo al carapacho 6 horas adicionales, por supuesto con la remuneración correspondiente. Y yo que pensaba que era una mártir por pasar la noche en el cuartito con el mujerero…

Así que El Madrino, un joven larguirucho que resultó ser la delicia de las protagonistas del desfile por el cuartito, se regresó cuando iba camino a casa a descansar de la larga jornada. Por fin, la novia pudo recuperar su ritmo cardíaco normal cuando regresó El Madrino, para insuflarle la tranquilidad al alma de cualquier ser humano, cuando se le corre el rimmel.

Mientras tanto, las mujeres del cortejo perdían progresivamente condiciones mentales con el avance de la noche y El Madrino pasó de ser un proveedor de servicios de apoyo para la novia y su cortejo a: “mi persona favorita de la noche”, “lo amo”, “mi héroe”, “qué bello”, entre los apelativos más coherentes y otros incoherentes como “sususua oacbckc choa” que surgieron con la ingesta etílica hasta convertirse en algunos casos en la «pea llorona». En el reparto de cotillones, hasta lo agarraron entre varios para hacerle beber a juro un trago de lo que sea y emborracharlo, pero estoicamente aguantó la pela.

En este punto me gané mi 3er. Título, con apnea en seco, ya que tuve que soplar una interminable cantidad de globos para el reparto del cotillón, mi neumonólogo me felicitó por tal capacidad pulmonar.

Las mujeres del cortejo no podían disfrutar al máximo el bailongo, por lo largo del vestido, de manera tal que el evento resultó en la recortada del año, a cargo de El Madrino, todas pasaron sus vestidos por el filo de la tijera sin contemplación, empujándose unas a otras cual niñas en fila del colegio, o regañándose entre sí porque no habían hecho tal o cual cosa incomprensible, más de una habrá dado con sus huesos al pie de una poceta, por el estado de ebriedad, mientras comentaban lo buena que estaba la fiesta, cosa poco vista en otras partes del mundo, pues en muchos casos vinieron solo para el casamiento por encontrarse en Europa o Norteamérica, sólo en Venezuela se hace este tipo de festejos.

Después de esta experiencia sicotomimética de 16 horas, dudo en elegir qué fue lo mejor de la noche entre: repartir limas de uñas en el baño de mujeres del club, fijar flores de azahar en las solapas del cortejo varonil, custodiar una caja de polvorosas, entregar abanicos a las señoronas en la iglesia, ganar el mega match, advertir y soportar los niveles de foliculina de 20 mujeres en un cuarto pequeño y muchas otras tareas o entender que Einstein tenía razón: “Todo el mundo tiene que sacrificarse de vez en cuando en el altar de la estupidez”.

Glosario de términos posiblemente desconocidos para algunos lectores:

experiencia sicotomimética: una situación extraña y difícil de definir o catalogar, no se encuentra en el diccionario es la invención de un desconocido

bailongo: baile

pela: tunda, golpiza, paliza

pea llorona: en Venezuela consideramos que una borrachera (pea) tiene varios tipos o fases, una de ellas es cuando el borracho o la borracha se pone sentimental y llora mucho

joropo: es un baile autóctono de Venezuela, pero cuando una persona está muy cansada de mucho trabajar, se puede decir que está joropeado

carapacho: en Venezuela le decimos así al cuerpo

peló: cogió, tomó, agarró

friso: es mi propia definición de maquillaje, pero en realidad es el acabado final de una pared o muro

llantén: así llamamos al llanto en Venezuela, pero también es una planta con propiedades medicinales

filo: hambre

guedin planer: es mi personal españolización de wedding planner, persona dedicada a planificar bodas

Sr. Blades: Rubén Blades cantante panameño de una conocida canción titulada «Chica plástica»

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